Una historia maniquea

Que la religión de Mani, el maniqueísmo, parece haber obtenido un triunfo aplastante en muchas partes del planeta es algo que no habría que repetir por obvio; pese a que muchos de sus fieles no tengan ni la menor idea ni de quién era, ni de lo que significa realmente.

Mani (216-277), era un señor, una persona humana (no es redundante; podría haber personas no humanas; algunos, por ejemplo, a una paloma la llaman 3ª Persona). Nació en Babilonia. Según la tradición, su padre, Patek, oyó durante tres días consecutivos una voz que le ordenaba no comer carne, no beber vino y mantenerse alejado de las mujeres. Preocupado por ello, Patek se unió a una secta gnóstica bautizante, los elkesaítas; una secta judeo-cristiana heterodoxa fundada en el año 100 en el país de los partos por Elkesai. El niño nació débil (al parecer, cojo). Cuando cumplió los cuatro años, el padre lo llevó consigo para educarle en la comunidad elkesaíta. Durante más de 20 años creció Mani, formado en un ambiente de intenso fervor judeo-cristiano. De ahí que ciertos elementos cristianos se encuentren presentes en la síntesis maniquea. Sin embargo, la vocación religiosa de Mani se manifestó en oposición a la teología, la escatología y los ritos cristianos. Dos revelaciones, recibidas respectivamente a la edad de doce y de veinticuatro, le descubrieron cuál iba a ser su misión y le forzaron a romper con la secta de los elkesaítas: un ángel le comunicó los mensajes del “Rey del paraíso de las luces” (el Dios supremo y bueno del maniqueísmo). En el primer mensaje se le ordenó abandonar la comunidad de su padre; en el segundo se le urgió a actuar: «Ha llegado el tiempo de manifestarse públicamente y proclamar en voz alta tu doctrina».

Se ignora casi todo con respecto a la labor espiritual que transformó al joven en infatigable apóstol de una nueva religión de salvación. Y también las razones que le decidieron a emprender su primer viaje apostólico a la India. En todo caso, el contacto con ciertos representantes de la espiritualidad india tuvo consecuencias para el mismo Mani y para la India. Llamado por el nuevo rey Sapor I, Mani marchó a Belapat (Gundeshapur), la capital de los Sasánidas. Sapor se sintió profundamente impresionado por el profeta y otorgó la libertad para predicar tanto a Mani como a sus misioneros en todo el Imperio. Era el reconocimiento oficial de la nueva religión. Se ignora, también, lo concerniente a la vida del profeta, con excepción de su comienzo, las revelaciones y la “conversión” de Sapor I, y de su final, su caída en desgracia y su muerte. Lo que parece seguro es que mantuvo muy buenas relaciones con el monarca y que emprendió largos viajes misioneros por todo el Imperio iranio, hasta su extremo oriental. Envió además numerosas misiones al interior y al extranjero (Egipto, Bactriana, &c.). En abril del año 272, Sapor muere y le sucede su hijo Hormizd. Mani se presenta en seguida ante él y obtiene del nuevo soberano la renovación de las cartas de protección y permiso para trasladarse a Babilonia. Pero apenas un año después, Hormizd muere y ocupa el trono su hermano Bahram I. Llamado nuevamente, Mani llega a la capital después de un viaje que puede considerarse como «su suprema gira pastoral». En efecto, desde su llegada es acusado por el jefe de los magos: la predicación de Mani, afirma el instaurador de la intolerancia mazdeísta, aparta a los súbditos de la religión oficial. La entrevista con el rey se desarrolla en una atmósfera tormentosa. Cuando Mani proclama el carácter divino de su misión, Bahram estalla: «¿Por qué te ha sido hecha esta revelación a ti en vez de a Nos, que somos los dueños del país…?». Mani sólo puede responder: «Tal es la voluntad de Dios». Es condenado y marcha a la cárcel cargado de cadenas, tres en las manos, tres en los pies y una al cuello, que le impiden todo movimiento. La pasión (que los maniqueos designaron con el término cristiano «crucifixión») se prolongó 26 días. Mani murió el 26 de febrero de 277, a la edad de sesenta. Su cuerpo fue despedazado, la cabeza quedó expuesta en la puerta de la ciudad y sus restos fueron arrojados a los perros.

Inmediatamente después de la muerte del profeta, Bahram ordenó una implacable represión del movimiento. La iglesia maniquea estuvo a punto de hundirse definitivamente, pero lo cierto es que no dejó de progresar durante siglos, propagándose por el Occidente hasta la península Ibérica y por el Oriente hasta China.

El maniqueísmo es, ante todo, una gnosis, y como tal forma parte de la gran corriente gnóstica. Sin embargo, a diferencia de otros fundadores de sectas, Mani se esforzó por crear una religión universal, accesible a todos y no limitada a una enseñanza esotérica reservada a unos pocos iniciados. Reconoce el valor de algunas religiones anteriores, pero las considera incompletas. Por otro lado, proclama haber integrado en su Iglesia lo esencial de todas las Escrituras y de todas las sabidurías: «Como un río se junta con otro río para formar una corriente poderosa, así se han conjugado los viejos libros en mis Escrituras, y todos han llegado a formar una gran Sabiduría, tal y como no la hubo en las generaciones precedentes». Mani atribuye un cometido eminente a Jesús y hace suya la idea del Paráclito; de la India toma la teoría de la transmigración de las almas, pero sobre todo hace suyas las ideas capitales iranias, y en primer lugar el dualismo luz/tinieblas, junto con el mito escatológico. Su sincretismo, muy habitual en la época, era al mismo tiempo una necesidad táctica. Pretendía extender su Iglesia hasta los dos extremos del Imperio Persa… cuyo corazón, ¡qué curioso!, se situaba en el actual Irán. Para ello se vio obligado a utilizar los lenguajes religiosos familiares tanto de las regiones orientales como de las occidentales. Y como cualquier proyecto religioso, no es difícil su traducción en el ámbito político.

Acercándonos más a los tiempos presentes, su dualismo luz/tinieblas tiene seducido en la actualidad a más de medio mundo. ¿Casualidad? Como diría alguien, la casualidad no existe en la política. Podría no ser casualidad, por ejemplo, que un eventual gobierno polaco vuele en un avión que vuela; o que personajes clave mejicanos, pocos años ha, vuelen en otro avión que vuela. Demasiados aviones que vuelan y que, paradójicamente, dejan de volar.

La vocación ecuménica le imprimía una labor muy misionera. El predicador maniqueo: «debe errar perpetuamente por el mundo, predicando la doctrina y guiando a los hombres hacia la verdad». La “verdad” siempre ha sido una obsesión. Para él, la vida, la tierra, es creación del mal; el hombre sufre, la gnosis salva. Su simplicidad se basa en los “dos principios” ya dichos (luz/tinieblas) y en los “tres momentos”. Momento anterior, en el que el mundo aún no había comenzado y la luz estaba separada de las tinieblas; momento intermedio, en el que las tinieblas (Israel, por ejemplo, según la perspectiva generalmente aceptada) lanzan su ataque contra la luz; y momento ulterior, en que los dos principios quedarán nuevamente separados.

Al menos, ahora, sus fieles podrán saber un poco mejor el origen y desarrollo de sus creencias.

Pues bien, que alguien me explique si esto no coincide, punto por punto, con lo poco que pueden tener un ex – Sr. Moratinos (aquél que Pérez-Reverte calificaba como “hombre-mierda”) o Sra. Trini, en sus cabezas. Quién dice esos nombres, puede perfectamente decir otros y no cambiaría en nada la esencia del “predicador”.

Observemos, por ejemplo, el caso de aquella discoteca llamada “La Meca”. Unos integristas, que no se sabe muy bien quienes son, pero que debemos suponer están aquí, amenazan al sitio por causa de su nombre… y los dueños, lógicamente, lo cambian. Y aquí no ha pasado nada. A algún periodista se le ocurre dibujar algo políticamente incorrecto y todos se le echan encima por “islamófobo”. Algunos atacan a Israel poniendo mujeres y niños delante y no pasa nada, pero si Israel los ataca poniendo a sus mujeres y niños detrás, entonces son unos “genocidas”; haciendo un uso abusivo de términos.

En España, como la mayoría se ha tragado la “Leyenda Negra” y otras estupideces por el estilo como el “armonismo” entre las tres culturas, pues resulta que es uno de los sitios donde no pasa nada y los pañuelitos palestinos se venden por centenas de millares. La razón fundamental de que no pase nada es la dicotomía que se quiere imponer de izquierdas/derecha… luz/tinieblas. Y entonces, los que se denominan de “izquierdas”, cuando acuden a unas elecciones y tienen que proponer cosas, ¿de qué van a hablar…? No pueden hablar de economía, porque les falta el curso intensivo del Sr. Sevilla de dos tardes y todavía no saben; no pueden hablar de la posición de la Nación, discutida y discutible, en el concierto de las Naciones, porque es mejor que se callen; entonces, ¿de qué van a hablar…? Pues de cosas mucho más actuales que todas esas: de la Memoria Histórica, del franquismo, de la derechona de toda la vida y de atacar al catolicismo que, ipso facto, se asocia a la derecha y atacar al catolicismo es hacer campaña electoral.

Sin embargo, el Islam, aparece y se quiere presentar, como una fuerza renovadora, una fuerza con la que hay que aliar la civilización, una fuerza que se puede asociar, perfectamente, a las izquierdas; en la medida que se opone al catolicismo y su mera contraposición los sitúa automáticamente en las izquierdas. ¿Quiénes llevan habitualmente los pañuelos palestinos…?

El ejemplo claro se tiene con esos casos en que los ulemas e imanes dicen que se puede pegar a la mujer, mejor con una goma de bombona de butano porque así no se dejan marcas; y todos esos grupos feministas que a cualquier cosa que digan los partidos que no son de izquierdas, inmediatamente están a la que salta, pues en esos casos se callan prudentemente porque piensan que el Islam realmente es un aliado y un ariete. ¿Qué decir del 11-M…? En ciertas Universidades se suspende al alumno que ose utilizar en sus trabajos el término “mahometano”… y aquí no ha pasado nada. O bien se impone a la fuerza una “Educación para la ciudadanía”, y pobre del que se declare objetor, mientras que a alumnos “mahometanos” los eximen de asignaturas como Dibujo, Biología o Educación Física… porque podrían sentirse ofendidos en lo más profundo de su ser… y aquí no ha pasado nada.

Este panfilismo tendrá consecuencias de largo alcance, que ya pueden empezarse a detallar, pero parece que nadie se quiere dar cuenta. El triunfo de Mani es casi indiscutible.

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